- Tu trayectoria como trabajadora social ha marcado profundamente tu forma de contar historias. ¿Cuándo te diste cuenta de que la literatura podía ser una herramienta para visibilizar estas realidades?
Creo que siempre fui un poco consciente, como cualquiera de que la literatura cuenta historias. Y hay mucha literatura que trasmite realidades y problemáticas sociales, (ojala hubiera más). Ahora bien, reconozco que aun siendo para mi muy importante en mi dia a dia la sensibilización, nunca pensé que podía ser de esta manera. Y también reconozco que es nuevo para mi el pararme a pensar ¿Cómo podemos hacer para que los adultos hablemos con los niños de todas estas cosas?. En ese hablar no va solo “educar a los niños”…va el reflexionar nosotros como adultos, el cuestionarnos. En ese dialogo adulto/peque nos enriquecemos todos seguro.
- En «Ahora cuéntame un cuento que sea real» transformas personajes clásicos en protagonistas de nuevas historias. ¿Cómo surgió la idea de reescribir estos cuentos desde una perspectiva tan diferente?
Por la necesidad que siento que hay de pensar las cosas, sobre todo por no creernos lo primero que escuchamos sobre la vida de alguien, por romper con ese juicio rápido que todos inevitablemente hacemos y que realmente hace mucho daño. Lo hago yo y lo hace cualquiera. La apuesta es por ser conscientes y parara ese “juicio fácil”.
- Tus relatos reflejan a personas en situación de exclusión, a quienes la sociedad muchas veces deja fuera de la narrativa. ¿Cómo logras que un mensaje tan profundo llegue de manera clara tanto a niños como a adultos?
Pues gracias por decirme que lo logro, si es así, yo feliz. La vida de las personas en situación de exclusión no es algo de otro planeta, por mucho que sigamos creyendo que “eso es algo que les pasa a otros”. Siento que cuanto mayor es la normalidad con la que se trata a las personas, mas humana es su respuesta, y esto es algo que creo que cualquiera puede entender. Por decirlo de otra manera: lo humano llama a humano, y es precisamente eso lo que todos tenemos en común. A eso apelo.

- La literatura infantil y juvenil suele edulcorar ciertas realidades. ¿Crees que es un error proteger a los niños de estos temas o piensas que deben conocerlos desde pequeños, aunque adaptados a su lenguaje?
Soy partidaria de no ocultar ninguna realidad a nadie, los niños tampoco. No se trata de regodearse en ninguna situación o historia, pero si hablar con normalidad y pararse a explicar lo que se necesite explicar. Creo que lo que al niño no se le explique él mismo buscara la respuesta, y tal vez no sea la adecuada.
- Has trabajado con muchas personas que, como dices, «siguen buscando un final feliz para su cuento». ¿Hay alguna historia real que te haya inspirado especialmente en la construcción de tus relatos?
Un poco todas…mis personajes hablan de la vida de “muchos nombres propios”, el mío entre ellos. Creo que todos somos un poco “patito feo”, un poco lobos, un poco caperucita cansada de su cestita…. Para algunos seremos cisnes…se trata de ser consciente de ello y finalmente optar por aquello que mas nos defina y complete, donde podamos ser “la mejor versión” de nosotros mismos.
- La literatura ha cambiado mucho con el tiempo. ¿Cómo ves la evolución del cuento clásico en la actualidad? ¿Crees que es necesario reescribirlos para que encajen en los valores del mundo de hoy?
Yo he crecido con los cuentos clásicos y me gusta recordarlos. Me llevan a mi infancia y eso me gusta. Pero al crecer me gusta ver que aquella peque que recorría el bosque siendo una niña buena para cuidar a su abuela, puede seguir siéndolo y puede tener otras opciones sin sentirse mal por ello. Pienso que “crecer” significa un poco eso, “abrazar aquello con lo que has crecido” siendo capaz de cuestionarlo.

- Si pudieras elegir un cuento clásico que todavía no has reinterpretado, ¿cuál sería y qué giro le darías para hacerlo más acorde a tu visión del mundo?
Me vienen varios a la cabeza y a la mano…demasiada princesa esperando a un príncipe, ya sea dormida o despierta y demasiado príncipe condenados a ser guapos y valientes. Tengo un peque, que no se quiere disfrazar de príncipe valiente y yo, me alegro. También hay por ahí un montón de “ratitas” siguiendo a un flautista y me gusta pensar que alguna de ellas puede avisar de que hay “otras músicas” para escuchar Y porque no, tal vez el flautista quiera cambiar de instrumento y tocar solo…no siempre con un sequito. Me gusta pensar que en cada cuento que “reescribo” todos se liberan un poco de su etiqueta.
- Para terminar, ¿podrías recomendarnos un libro que creas que todo amante de la literatura debería leer al menos una vez?
No soy buena para recomendar porque creo que lo que a mi me “abraza” a otro puede “golpearle”. Solo diría que no me parece bueno leer por modas, no creo que las modas sean buena en general y que cada uno debe de buscar para leer aquello que le acompañe, le nutra, le ayude…le abrace en cada renglón.