Escribió para no romperse y acabó señalando al sistema: la novela que obliga a mirar a las mujeres sin hogar

Javier Martín Luque - Abierta de par en par

En tu día a día trabajas con personas que viven situaciones de sinhogarismo crónico. ¿Cómo surgió la necesidad de trasladar esa experiencia al terreno literario?

La literatura apareció como una forma de sostener lo que vivía cada día como educador social. En mi trabajo convivo con personas que cargan historias muy duras, y necesitaba un espacio donde reposar todo ese impacto emocional. Empecé escribiendo para entenderme, para acompañar mis propias dudas y para no perderme en la crudeza de lo que veía. Poco a poco comprendí que esas palabras no solo me ayudaban a mí, sino que podían abrir una ventana para que otras personas se acercaran a una realidad que demasiadas veces queda escondida.

El sinhogarismo femenino sigue siendo una realidad muy invisibilizada. ¿Qué te impulsó a poner el foco específicamente en las mujeres?

Las mujeres que llegan a la calle ya venían sobreviviendo a múltiples violencias desde la infancia. Cuando entré en contacto con sus historias, entendí que la calle no era el inicio del sufrimiento, sino la consecuencia. Y, aun así, ni siquiera en esa situación extrema se las nombra. Sus vidas quedan en los márgenes, incluso cuando desaparecen.  Me movió la necesidad de intentar romper ese silencio y mostrar que detrás de cada mujer en situación de calle hay una historia de resistencia que merece ser escuchada. De este impulso surge Abierta de par en par en castellano y Oberta de bat a bat en catalán.

Casa Camelia, la pensión donde se desarrolla parte de la novela, representa un refugio, pero también un espejo de la desigualdad. ¿En qué medida se inspira en lugares reales?

Casa Camelia es una mezcla de muchos espacios que he conocido y de otros que todavía no existen. Está construida a partir de fragmentos de lugares reales, pero también del deseo de un modelo más humano. Es una casa donde nadie es expulsado por su dolor, su adicción o su enfermedad; un espacio que acoge desde la comprensión profunda y no desde el juicio. La imaginé como un hogar posible, un lugar que pudiera ofrecer una oportunidad real de mejora. La red de servicios de la administración debería reproducir la atención de Casa Camelia: cercana, personalizada y basada en el vínculo. La atención multitudinaria e impersonal no responde a las necesidades reales del sinhogarismo.

¿Cómo describirías el impacto emocional de convivir con historias tan duras y luego revivirlas en la escritura?

Revivirlas supuso un movimiento interno muy fuerte; muchas de ellas ya han fallecido. Cuando acompañas esas historias en el día a día, a veces te sacuden por dentro y terminan desestabilizándote. Al escribir, sin embargo, regresan de otro modo, más pausado y ya cicatrizado. La escritura me dio fuerzas para transformar la impotencia en una forma capaz de traspasar y alcanzar otros lugares. Fue una forma de sanar y, al mismo tiempo, una manera de agradecer a las protagonistas todo lo que me enseñaron con su valentía.

La novela aborda la salud mental, la violencia y la pérdida, pero también la resiliencia. ¿Qué te ha enseñado tu trabajo en Arrels Fundació sobre la fortaleza humana?

Me ha enseñado que la fortaleza no siempre tiene forma de grandeza; a veces es simplemente seguir adelante cuando ya no queda casi nada. Las mujeres que viven en la calle han atravesado experiencias extremas y, aun así, conservan una capacidad impresionante para rehacerse. Cuando les ofreces un vínculo seguro, confían en ti y empiezan a emerger habilidades, deseos y un potencial que la sociedad no ve. La fortaleza humana se esconde en lugares inesperados, solo hay que abrirlos e impulsarla para que pueda emerger. Estas mujeres son auténticas guerreras.

¿Crees que la literatura puede generar un cambio real en la conciencia social sobre la pobreza y la exclusión?

Creo profundamente en ello. La literatura no cambia el sistema por sí sola, pero sí cambia las miradas, y ese es el primer paso para transformar cualquier realidad. Las palabras pueden abrir conversaciones necesarias, cuestionar dinámicas establecidas y despertar la empatía. Cuando la comunidad deja de mirar el dolor ajeno, se deshumaniza. La literatura puede ayudar justamente a lo contrario: a recordar que no podemos vivir de espaldas a lo que está sucediendo socialmente.

Has trabajado en arte, educación y salud mental. ¿Qué puntos en común encuentras entre esos tres mundos?

Para mí no están separados. El arte es una vía para expresarse cuando las palabras no alcanzan. La educación es el puente que permite comprenderte y encontrar tu lugar en el mundo. La salud mental es el lugar donde todo eso confluye y repercute en tu estado. Cuando la salud mental de una persona está muy afectada por su vivencia, acompañar desde la creatividad permite transformar las heridas y fortalecer tu estructura emocional. Esa combinación me ha sostenido siempre, y es también lo que me permite cuidar a otras personas sin perderme por el camino. Y no es una casualidad: esta combinación en mí no es aleatoria, es una elección.

¿Qué te gustaría que las lectoras y lectores sintieran después de cerrar Abierta de par en par?

Me gustaría que entendieran que nadie llega a la calle por elección. Que detrás de cada mujer hay una vida marcada por la violencia, la pobreza, el abandono y la estigmatización social. Esta realidad es responsabilidad de todas y todos. Ojalá quien lea el libro no pueda volver a mirar la calle del mismo modo. La empatía es una forma de compromiso, y el compromiso empieza con una mirada que no se aparta ni se vuelve indiferente. Una vez esta realidad te zarandea, nunca más podrás ignorarla.

En un contexto social donde la empatía a menudo se erosiona, ¿qué papel crees que debe tener el compromiso personal y colectivo?

Creo que necesitamos volver a reconocer que somos comunidad. Aunque a veces el ruido social nos haga pensar lo contrario, hay mucha gente implicada y dispuesta a cuidar. En Arrels lo veo cada día. El compromiso nace de la empatía, pero también de la conciencia de que cualquiera puede acabar en una situación límite. Si entendemos que el sufrimiento de una persona nos interpela a todas, empezaremos a construir una sociedad más justa. Una sociedad dividida no avanza; unida sí.

Javier Martín Luque - Abierta de par en par
Javier Martín Luque – Abierta de par en par

Comprar «Javier Martín Luque – Abierta de par en par»: https://amzn.to/4pT7vHQ

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *